Pero el problema no termina ahí.
Voltea a ver nuestros ríos. En San Juan del Río, por ejemplo, basta con asomarse al cauce para encontrar un panorama alarmante: flotan botellas, llantas, muebles, bolsas, plásticos y más. Lo que alguna vez fue un río limpio y lleno de vida hoy es un espejo de nuestra falta de conciencia ambiental.
Esto no es solo contaminación visual: es muerte para los ecosistemas acuáticos, es agua más sucia y más costosa de tratar, son animales intoxicados por nuestro descuido. La basura que tiramos en la calle, aunque sea “solo una colilla” o “un envoltorio pequeño”, puede terminar en el río, en una coladera, o en el estómago de un ave o un pez.
Cada pedazo de basura fuera de su lugar tiene un impacto.
El problema no es solo de “los demás” ni de las autoridades: es de todos. ¿Separas tus residuos? ¿Reciclas lo que puedes? ¿Te aseguras de no dejar basura al salir a la calle? ¿Le enseñas eso a tus hijos?
Necesitamos cambiar nuestra cultura de consumo y de desecho. No podemos seguir viendo la basura como algo que desaparece cuando la dejamos en la banqueta o la arrojamos por la ventana del coche.
Hoy más que nunca, el planeta nos está pidiendo un alto. Y empieza con pequeñas acciones: tirar la basura en su lugar, reciclar, reducir nuestro consumo, y respetar el espacio público.
Porque cada papelito cuenta.
Porque cada botella que no tiras al río es una vida salvada.
Porque este lugar también es tuyo, y tu basura, aunque la ignores, se queda aquí.

