A veces una se pierde.
Entre el “tienes que” y el “deberías”, entre el amor que desgasta y las palabras que cortan.
A veces estás tan metida en una relación que te olvidas de ti. Te olvidas de tu voz. De lo que te gustaba. De quién eras antes de que te dijeran cómo deberías ser.
Yo sé lo que es eso.
Sé lo que es estar con alguien que te controla, que te hace dudar de ti, que te hace sentir pequeña. Sé lo que es pensar que la vida solo tiene sentido si estás con alguien. Que estar sola es un fracaso. Que tu valor depende del otro.
Pero te digo algo, y te lo digo con el alma:
No es así.
Tú no naciste para ser la sombra de nadie.
Naciste para brillar, para reír a carcajadas, para caminar a tu ritmo, para ser libre.
Y ¿sabes qué? Estar sola también es hermoso. Es descubrir que puedes hacer mil cosas contigo misma. Que puedes sanar, crecer, viajar, reír, crear, y sobre todo: elegirte.
No necesitas que nadie te apruebe.
No necesitas estar en una relación para sentirte completa.
No estás rota. No estás sola. Estás volviendo a ti. Y eso es lo más poderoso que puedes hacer.
Así que si estás pasando por algo así, te abrazo. Y te animo:
Encuentra tu voz. Recupera tu espacio. Vuelve a ti.
Porque la libertad, la alegría y la paz no están en manos de nadie más. Están en ti.
Y lo mejor de todo… es que siempre han estado ahí.
