No estamos solas y Juntas somo más Fuertes

La víctima del feminicidio en México: rostro de una crisis silenciada

Cada víctima de feminicidio en México tiene nombre, historia, sueños, no son cifras, son hijas, hermanas, amigas, madres, la violencia feminicida ha alcanzado niveles alarmantes, y muchas veces sus casos quedan impunes, silenciados o revictimizados.

Recordar a cada una de ellas es un acto de memoria y de resistencia, es una forma de exigir justicia y evitar que caigan en el olvido.

El dolor colectivo y la urgencia de la sororidad

Más allá del dolor individual, los feminicidios generan un miedo colectivo, muchas mujeres hoy viven con la angustia de ser la próxima, por eso, hablar de este tema implica también reflexionar sobre cómo cuidarnos, cómo protegernos y, sobre todo, cómo crear redes reales de apoyo entre mujeres.

La sororidad no es solo un concepto, es una práctica diaria:

Creerle a una mujer cuando dice que tiene miedo.

Acompañarla cuando enfrenta violencia.

No juzgarla, ni aislarla.

Compartir información sobre lugares seguros, apps, números de emergencia.

Denunciar colectivamente cuando una de nosotras está en peligro.

Cómo podemos protegernos y cuidarnos entre mujeres

Aunque la responsabilidad de frenar los feminicidios es del Estado y de toda la sociedad, las mujeres también podemos tomar acciones comunitarias:

1. Crear redes de apoyo locales: Grupos vecinales, chats entre amigas o compañeras de trabajo donde se compartan rutas seguras, alertas, o simplemente un “avísame cuando llegues”.

2. Organizar círculos de confianza: Espacios seguros para hablar, compartir experiencias y ayudarnos mutuamente. El aislamiento nos vuelve vulnerables; la comunidad nos da fuerza.

3. Talleres de autodefensa emocional y física: La autodefensa va más allá del cuerpo: es también saber poner límites, reconocer violencia psicológica, económica, digital.

4. Educarnos entre nosotras: Compartir recursos, leyes, lugares donde acudir, muchas mujeres no saben que están siendo violentadas o no conocen sus derechos.

5. Romper el pacto del silencio: Si sabemos que alguien está siendo agredida, no mirar hacia otro lado, la indiferencia también mata.

 

Conclusión: de la memoria a la acción

No basta con indignarse, honrar a las víctimas del feminicidio es exigir justicia, pero también cambiar la forma en que vivimos y nos relacionamos como mujeres, ayudarnos unas a otras, cuidarnos, protegernos, es una forma de resistencia. Es decirle al sistema que no vamos a seguir permitiendo que nos desaparezcan.