(Duro de leer, pero necesario para despertar)
Hay hombres que no abandonan físicamente el hogar…
pero su ausencia emocional, espiritual y afectiva grita todos los días.
Aquí algunas señales de que un esposo está fallando en su llamado:
Confunde respeto con miedo. Quiere ser obedecido, pero no inspira confianza.
No pregunta, no escucha, no consuela. Solo espera ser servido y comprendido.
Trae pan a la mesa, pero no paz al corazón.
Sus palabras destruyen la autoestima de su esposa.
Pide perdón con la boca, pero no se arrepiente con acciones.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.”
— Efesios 5:25 
No se trata de ser perfecto…
Se trata de ser humilde, responsable y transformado por Dios.
Un mal esposo culpa a su esposa.
Un buen esposo deja que Dios trabaje primero en él.
